Critiques

Crítica Diaros de Motocicleta

por David Garrido Bazán (www.labutaca.net)


En busca de su destino: El hombre detrás del mito “El personaje que escribió estas notas murió al pisar de nuevo tierra argentina, el que las ordena y pule, yo, no soy yo, por lo menos no soy el mismo yo interior. Ese vagar sin rumbo por nuestra ‘Mayúscula América’ me ha cambiado más de lo que creí.”


Ernesto Guevara, "Notas de viaje"
Hacer una película sobre un personaje histórico siempre entraña sus riesgos, pero si el personaje en cuestión alcanza la categoría de leyenda o mito fuertemente instalado en el imaginario colectivo, éstos sin duda se multiplican. En 1952, un inquieto joven a punto de recibirse de médico y procedente de una acomodada familia burguesa argentina llamado Ernesto Guevara se lanzó, con su amigo Alberto Granado, a uno de esos viajes aventureros que, a medio camino entre la inconsciencia y la aureola de lo épico, les llevó a recorrer gran parte del continente sudamericano en una polvorienta fuga hacia el norte que les llevó de Buenos Aires a Caracas (más de 10.000 Km.) a lo largo de siete meses. Un viaje que comenzó como una aventura juvenil y que acabó resultando en una esencial toma de conciencia que, con el tiempo, convertiría al joven Ernesto en el revolucionario 'Che' Guevara que triunfaría en Cuba y que encontraría la muerte en Bolivia, siguiendo los dictados de esa convicción ideológica, apenas quince años después de los hechos que se narran en la película.
Walter Salles, que ha demostrado en sus trabajos anteriores como director ("Midnight", la estupenda "Estación Central de Brasil" y la tristemente inédita entre nosotros "Un Abril despedazado") o como productor ("Ciudad de Dios", "Madame Satã") ser un autor con una clara conciencia social de la problemática de su país, Brasil, y, por extensión, de los endémicos males que afectan a todo el continente sudamericano, ha contado con apoyos procedentes de varios países (y muy especialmente de Robert Redford a través de su Instituto Sundance) para construir este relato de un viaje iniciático que tiene la gran ventaja de ser sumamente fiel a sendos textos literarios escritos en su momento por los dos protagonistas de la historia, lo que le permite esquivar casi en todo momento la tentación del retrato laudatorio del que más adelante se convertirá en leyenda y mostrar aquel viaje como lo que verdaderamente fue: un deslumbrante descubrimiento en el que la realidad, con toda su carga de crudeza, terminó por imponerse a las lógicas ganas de divertirse de este par de bohemios y jóvenes viajeros.

Y es que el verdadero acierto de la película de Salles, magníficamente rodada en un tono en el que predomina la nerviosa, inmediata mirada del documental pero que no por eso deja de lado, ni mucho menos, la construcción clásica del relato, está precisamente en aprovechar la misma estructura narrativa con la que el propio Guevara dejó constancia de sus impresiones en sus "Notas de viaje", tomadas a lo largo de aquella peripecia: Salles alterna la aplicada construcción de sus personajes y la enumeración de las anécdotas, a menudo rayanas en la picaresca, de estos dos chavales con ganas de marcha con la a veces brutal forma en la que descubren la realidad de su continente: pobreza, enfermedad, injusticia social para con los desposeídos o los indígenas, ignorancia... pero también la apabullante belleza, la dignidad y la solidaridad de un pueblo que, según las palabras del propio Guevara casi al final de su viaje, “constituye una sola raza mestiza que desde México hasta el Estrecho de Magallanes presenta notables similitudes”. Una idea, la de esa sólida conciencia panamericana, que sin duda comparten director y protagonista.

"Diarios de motocicleta" se detiene lo suficiente en los preparativos del viaje y en las primeras anécdotas para que nos familiaricemos con sus dos protagonistas. Por un lado está Alberto Granado, una especie de vividor idealista, motor de la idea del viaje y contrapunto a veces práctico, a veces incluso cómico, de la insobornable determinación de su compañero de viaje Ernesto Guevara tanto a la hora de defender sus sentimientos románticos como para atender a un enfermo, expresar con absoluta libertad sus opiniones o socorrer, en la medida de sus posibilidades y a veces a costa de la comodidad de ambos, a quien lo necesita. La película se configura así como una especie de road movie de factura clásica – y más cercana al gusto de Hollywood que anteriores trabajos de Salles, no en vano detrás de ella está la mano de Redford – en la que, en un principio, ambos se preocupan mucho más de cuestiones relacionadas con el amor, el sexo y la continua falta de dinero para comer o para reparar esa vetusta moto Norton (apodada, un tanto jocosamente, La Poderosa) que de esa otra cara del continente que recorren y que, a partir de la estupenda escena del encuentro con la pareja de comunistas perseguidos en el desierto de Atacama en Chile, se hace dolorosamente presente para no abandonar ya a ambos en su viaje, que se transforma sutilmente en algo mucho más serio.

Y, sin embargo, Salles no incide demasiado en esta lectura, no pierde de vista nunca la cara más humana de sus protagonistas sino que, más bien al contrario, deja que sea esa realidad la que poco a poco vaya imponiéndose: la estupenda secuencia en la que ambos deambulan por el Machu Picchu, entre las ruinas de la civilización inca, la forma en la que se relacionan con aquellos que van encontrando en su camino o la mirada con la que el futuro revolucionario va descubriendo la miseria (la hermosa secuencia en la que observa, mientras disfruta de su viaje en barco por el río, la pobre barcaza en la que son remolcados los que no pueden permitírselo) o la injusticia a veces hipócrita (a ese respecto son reveladores los choques con las monjas en la leprosería que a ratos rozan lo surrealista) son elementos que, poco a poco, conforman un retrato entre antropológico y sociológico de esa Latinoamérica que uno intuye que, por desgracia y pese a todo, no ha cambiado demasiado de los años cincuenta a la actualidad.


Gael García Bernal compone un retrato convincente del futuro 'Che', reflexivo e introspectivo pero en el que uno puede hacerse una buena idea de las claves de esa arrolladora personalidad que después forjará una leyenda, pero es un estupendo Rodrigo de la Serna quien, con su tierno y entrañable Alberto Granado, se convierte en la verdadera revelación de la película: la química entre ambos es incuestionable y alcanza momentos de tal complicidad que es imposible no disfrutar con esa amistad ribeteada de emoción, momentos duros y, por supuesto, diversión – no hay que perderse la forma en la que Salles aprovecha el recurso de guión de esos quince dólares para mostrar la forma en que evoluciona el sentir de Ernesto – que sin duda es la columna vertebral de esta película a la que, si hay algo que achacarle, es que ceda en algún momento a la tentación del retrato heroico – sobra, por innecesaria y por romper el tono sobrio del relato, la escena del cruce del río a nado, que además no figura en el libro de Guevara –, pero de la que sin duda quedará en la mente del espectador la forma en la que cobran el protagonismo que se merecen, tanto en la mente del espectador como en el ideario del joven Guevara (“No sé que voy a hacer, este viaje me ha cambiado muchas cosas”, admite en su despedida) las vidas de todas esas personas con las que se han cruzado en su aventura, algo que queda demostrado de manera inequívoca en esos contundentes retratos en blanco y negro con los que Salles – retomando y ampliando una estupenda idea de "Ciudad de Dios" – cierra su película.


 
 
 
 
   
     
 
© CRDP de l'académie de Paris
Mars 2006 - Tous droits réservés